(Enviado a la plataforma de la UPN el 4 de julio de 2009.)
Mi quehacer docente no está exento de momentos de disgusto, de agravio, de cierta frustración. ¿A qué me refiero?... a las carencias tanto humanas como de bienes muebles e inmuebles que aquejan a mi querido plantel.
Momentos de disgusto cuando falla el proceso comunicativo entre los que laboramos y “el teléfono descompuesto” entra en acción cargado de enorme cantidad de interpretaciones personales, la mayor de las veces, no propositivas. ¿Cómo armonizar un ambiente comunicativo que propone Esteve en el aula si no somos capaces de entendernos entre adultos? Tan sólo el reconocer este hecho me enoja, porque tal pareciera que no hemos “evolucionado” en nuestro desarrollo profesional y personal al no ser capaces de ni siquiera transmitirnos mutuamente mensajes precisos que coadyuven a un mejor desarrollo de nuestro plantel. Creo importante reconocer el hecho de que TODOS SOMOS IMPORTANTES, todos unidos formamos el engranaje perfecto que permite el desenvolvimiento óptimo de nuestra institución, por ello, es igual de importante que cada uno de nosotros desarrolle con amor y profesionalismo la actividad que le corresponde, para que así cumplamos y cubramos los requerimientos de los personajes principales de nuestra institución: los estudiantes.
Por otro lado, frustra un poco mi “egoísmo” de desarrollo personal y el reto de encontrar nuevos caminos de hacer pensar a mis alumnos (como cita Esteve), el hecho de no contar con un aula con recursos multimedia. Sé que mi plantel es enorme y con igual demanda, por lo que apenas han cubierto unas cuantas aulas con dichos recursos; sé que todavía tendré que esperar más tiempo para que podamos contar con la totalidad de recursos multimedia en las aulas… y me frustra no poder “aprovechar” un recurso didáctico como el video del “Mamut chiquitito” en el aula para provocar el análisis de la importancia del cuidado de la salud personal y de la toma de decisiones al respecto. ¿Qué he hecho?... Dejarlo de tarea, lo que me permite rescatar en un comentario lo planeado, pero aun así, ¡seguiré insistiendo!
Por último pero no por ello también importante: el agravio. Afortunadamente no me refiero al que pudiera vivir con mis alumnos (creo que me he ganado su respeto por el mismo respeto que les profeso, al involucrarnos ambos en su proceso de aprendizaje). Me refiero al que he llegado a vivir entre pares, entre compañeras de academia por ejemplo, cuando han insistido en que debo realizar mi acción docente en el aula de la forma que se me indique, decidido “por mayoría”. ¡Qué alivio fue leer en “La aventura de ser maestro” el que debemos “recuperar las preguntas, las inquietudes, el proceso de búsqueda. […] Para ello hay que abandonar las profesiones de fe en las respuestas ordenadas de los libros, hay que volver las miradas de nuestros alumnos hacia el mundo que nos rodea y rescatar las preguntas iniciales obligándoles a pensar”. Todo ello, iniciándolo en nosotros mismos.
Así pues, henos aquí, disfrutando el “desafío del saber y la pasión por comunicarlo”, manteniendo “en nuestra sociedad los valores de la cultura y el progreso”, enganchando a los educandos en el deseo de saber e intentando con mucho afán, nunca “dejarlos tirados conforme avanzo en mis explicaciones”.
jueves, 12 de noviembre de 2009
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