(Enviado al foro de la UPN el jueves 25 de junio de 2009.)
Un día de mi labor docente abarca, aunque sea difícil de creer, más de 24 horas. ¿Por qué?... he aquí la descripción:
Por principio, lo que nosotros llamamos Secuencia didáctica debe incubarse, por lo que primero arraigo en mi mente las temáticas a abarcar, así como el posible tema de la realidad de los jóvenes con el cual relacionarla, claro que todo aunado a las características generales de la edad de los alumnos que orientamos… así es que “deposito” en mi mente tal situación, y dejo que el proceso creativo funcione hasta que de repente… la idea brillante (o por lo menos, la que me convence) y entonces empiezan a fluir las actividades que pudiera aplicar para lograr tal fin (a veces mis ojos se abren en la madrugada, por lo que tengo siempre lápiz y papel a la mano). Lo hago por inicio así, porque considero de suma importancia que las actividades que se desarrollen en el aula sean atractivas, estimulantes, creativas, formadoras, aplicables a la realidad… sólo así podríamos esperar un aprendizaje significativo por parte del educando. Dicho camino lo he recorrido ya hace más de cuatro años, desde que se inició la reforma al proceso de aprendizaje en la Educación Media Superior, así es que actualmente ya tengo gran cantidad tanto de cápsulas informativas, actividades planeadas y desarrolladas (por lo que ya he detectado mis errores en su aplicación y he tratado de mejorarlas), así como temas integradores de la realidad (uno que más les y me gustó es el de las Tribus urbanas).
Retomando lo de más de 24 horas, después de la decisión de cómo realizar las actividades de la secuencia didáctica, pues hay que capturarla en un documento en Word para que sea presentada tanto a las autoridades docentes de mi plantel, como para que se convierta en mi guía de actividades; por supuesto que todo esto incluye también una buena dosis de investigación en diversas fuentes (me encantan los libros, no desecho las revistas porque tienen información actualizada, y, por supuesto, la internet me ayuda también a recabar datos muy interesantes y de gran ayuda).
Por otro lado, hay que preparar el material didáctico planeado: desde las tarjetas para formar equipos, hasta los memoramas, mapas, grabaciones, (yo quisiera que fueran también videos y otros instrumentos de internet, pero a la fecha carecemos de aulas con recursos de informática), en fin… todo ello lleva tiempo, así es que se lo destino en casa antes de ir al aula. Y después… pues a evaluar el trabajo producto solicitado, el cual incluye varias actividades (cuestionarios, escritos varios, mapas, periódicos, hasta escenificaciones las cuales fueron evaluadas con rúbricas que planeé anteriormente).
Dado lo anterior, es fácil darse cuenta por qué digo que un día de clases abarca más de 24 horas. Lo mejor es que todo ello lo hago, como dijo nuestra compañera de grupo, por convencimiento, con agrado, porque toda esa labor se ve coronada, en la mayoría de los casos, con un desarrollo de las habilidades planeadas durante la secuencia, y es gratificante ser testigo de los logros de los alumnos cuando presentan su trabajo final. Me falta aún motivar al 100% de los estudiantes que oriento en el logro indicado, pero trato de involucrarme en esa meta día tras día… a veces es muy difícil porque llegamos a tener hasta 55 alumnos por grupo, por lo que el tiempo disponible en cada módulo se vuelve poco ante tal situación. En fin, mi docencia la percibo como un reto que día tras día debo de superar, con una buena dosis de entusiasmo y, por supuesto, de perseverancia.
jueves, 12 de noviembre de 2009
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